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hace 2 meses
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La pretemporada de la Fórmula 1 ha bajado el telón en Sakhir, y aunque los tiempos en los test siempre deben tomarse con cautela, el paddock se marcha hacia el Gran Premio de Australia con una sensación clara: Ferrari va muy en serio.
El resurgir de Maranello. Charles Leclerc ha colocado al Ferrari en lo más alto, no solo por una vuelta rápida aislada, sino por un ritmo consistente que ha dejado boquiabiertos a sus rivales. La escudería italiana parece haber interpretado mejor que nadie el reglamento de 2026, presentando innovaciones agresivas:
- Un nuevo sistema de DRS.
- Una solución ingeniosa para recuperar los escapes sopladores.
- Salidas fulgurantes que aprovechan lagunas reglamentarias.
Mientras Ferrari brilla, sus rivales directos han jugado al despiste. Max Verstappen terminó a más de un segundo de Leclerc, y el Mercedes de Kimi Antonelli volvió a sufrir problemas de fiabilidad, dejando a McLaren (con Lando Norris en segunda posición) como el competidor más sólido detrás de los de rojo.
Pesadilla para los españoles: Contrastes entre Alonso y Sainz. La otra cara de la moneda la protagoniza Fernando Alonso. Su Aston Martin se ha confirmado como el "farolillo rojo" de la parrilla. Los problemas de Honda con la batería son críticos: Lance Stroll solo pudo completar seis vueltas y el equipo carece de recambios fiables. La posibilidad de que Alonso termine la carrera en Australia parece, hoy por hoy, un milagro.
Por su parte, Carlos Sainz cumplió con una maratón de vueltas a bordo de su Williams, pero el optimismo termina ahí. El auto parece ser el más lento de todos los motorizados por Mercedes, viéndose superado incluso por los debutantes de Audi. Puntuar en las primeras carreras será un desafío titánico para el madrileño.
Lo que viene. La próxima vez que los motores rujan será en los entrenamientos libres de Australia. ¿Se habrán guardado Red Bull y Mercedes un as bajo la manga, o estamos ante el inicio de una era de dominio rojo?