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Hay fines de semana en los que el rugido del motor lo ocupa todo. Caminos de tierra, polvo en el aire y cronómetros al límite. Pero cuando la competencia termina, el casco se guarda y empieza otra carrera: la de volver a casa, donde tres hijas la esperan no como piloto, sino como mamá.
Así transcurre la vida de Yesenia Osorio Mendoza, conocida también como ‘Lucero’, una de las protagonistas del automovilismo departamental que encontró en el rally una pasión inesperada cuando la maternidad ya formaba parte de su vida.
Pero la velocidad no apareció recién con los autos. Mucho antes del rally, Yesenia ya sabía lo que significaba competir. En Mairana, su pueblo, tenía apenas 14 años cuando se animó a correr motociclismo con una moto prestada. Ganó aquella primera carrera y también la siguiente. Sin proponérselo, empezó a construir una conexión con los motores que años más tarde volvería a aparecer con fuerza. “Desde entonces entendí que este deporte no era solo un gusto… era parte de mi vida y de mi historia”, comenta.
El automovilismo llegó después, casi de manera improvisada. “Mi pasión por el automovilismo nace como de un chiste de invitación de mi esposo. Me hizo la propuesta y no la desperdicié”, recuerda. Su esposo, el piloto Leiner Gutiérrez, fue quien la llevó por primera vez al autódromo para enseñarle lo fundamental y ayudarla a perder el miedo a los saltos.
Con algunas nociones aprendidas y todavía intentando familiarizase con un mundo completamente nuevo, Yesenia empezó a dar sus primeros pasos dentro del automovilismo en los caminos de los valles cruceños. Rutas conocidas por sus trazados técnicos y precipicios terminaron convirtiéndose en el escenario donde comenzó a formar su manejo y ganar experiencia al volante.
Su debut oficial llegó el 19 de agosto de 2023, durante el Rally Todos Santos, en medio de un escenario poco habitual, sin hoja de ruta completa y con improvisación en la navegación. Apenas alcanzó a reconocer una etapa junto a su esposo, quien le iba dando algunas pautas antes de la competencia. Aun así, logró cruzar la meta en el quinto lugar, resultado que terminó confirmándole que podía competir de igual a igual.
Después llegó el Rally Mataral, una experiencia distinta y más dura, donde tuvo que abandonar. Pero lejos de convertirse en un freno, aquella situación terminó funcionando como aprendizaje. Más adelante llegó el Rally Santiago del Valle, donde estuvo a pocos segundos de alcanzar el podio, hasta que finalmente, en Quirusillas, encontró recompensa al esfuerzo, logró subir al podio con un meritorio tercer lugar.
Sin embargo, uno de los momentos más importantes de su trayectoria llegó en el Rally El Torno 2024, cuando debutó en una fecha del campeonato de Adecruz y logró quedarse con el primer lugar en la categoría RIB.
Pero detrás de cada largada siempre existió otra responsabilidad igual de importante. Porque mientras aprendía a leer caminos, corregir errores y pelear segundos en las rutas, también construía su vida como madre de Antonely, Luana y Arantza.
“Mi familia disfruta mucho este deporte lleno de adrenalina”, afirma. Sus hijas crecieron acompañando carreras, viendo de cerca cómo su madre fue ganando espacio dentro del automovilismo y entendiendo la pasión que existe detrás de cada competencia.
El apoyo familiar terminó siendo una pieza clave en su camino, incluso en medio de las preocupaciones naturales que despierta un deporte de alto riesgo. “Entendí que detrás de cada sueño también hay amor, cuidado y familia que te impulsa a seguir adelante”, resume.
Hoy, su presencia en las rutas es menos frecuente que antes, aunque el vínculo con el automovilismo permanece intacto. La posibilidad de volver a competir sigue abierta, porque la pasión por las carreras todavía forma parte de su vida.