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Mientras la industria automotriz avanza hacia la electrificación y sistemas de asistencia cada vez más sofisticados, el Land Rover Defender clásico sigue despertando pasiones por su diseño atemporal y capacidades fuera del asfalto. Ahora, gracias a un programa de restauración desarrollado por Land Rover Classic, el icónico todoterreno recibe una nueva vida.
La división británica presentó unidades basadas en modelos fabricados entre 2012 y 2016, los últimos años de producción del Defender original. El proyecto va más allá de una restauración convencional: combina la apariencia tradicional con materiales de lujo, tecnología moderna y una mecánica superior.
El programa contempla cuatro configuraciones distintas sobre las carrocerías Defender 90, 110 y 130, incluyendo versiones cerradas, convertibles y una pick-up de doble cabina. Uno de los aspectos más llamativos es la pintura iridiscente, capaz de mostrar matices verdes, morados y dorados según la luz, un trabajo que requirió más de 400 horas. El contraste se completa con techo blanco hielo y detalles refinados en la cabina, como asientos de cuero con costuras verdes.
En tecnología, incorpora sistema multimedia compatible con Apple CarPlay y Android Auto, además de cámara de reversa con limpieza automática. Bajo el capó, todos los modelos montan un motor V8 atmosférico de 5.0 litros, con más de 400 Hp y 515 Nm de torque, asociado a transmisión automática ZF de ocho velocidades y tracción integral permanente. La diferencia frente al motor turbodiésel original de 120 Hp es abismal, multiplicando las prestaciones sin perder la esencia del Defender.
Con este proyecto, Land Rover demuestra que existe un mercado dispuesto a invertir en vehículos históricos restaurados por el propio fabricante, preservando uno de los todoterrenos más influyentes de la industria y adaptándolo a las expectativas actuales sin renunciar a su identidad.