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Durante años, el desarrollo de la electromovilidad en Bolivia estuvo atrapado en una paradoja: había pocos vehículos eléctricos porque faltaba infraestructura de carga, y había poca inversión en infraestructura porque aún había pocos vehículos. Ese equilibrio podría estar comenzando a cambiar.
Con más de 7.000 vehículos eléctricos e híbridos enchufables en circulación, según estimaciones del sector, y un crecimiento de 226% en importaciones de vehículos eléctricos entre 2024 y 2025, el debate empieza a girar desde los autos hacia la infraestructura que puede sostener su expansión. Y ahí empieza a perfilarse una oportunidad de negocio.
“Durante mucho tiempo se pensó que la adopción dependía únicamente de que llegaran más vehículos eléctricos al mercado. Hoy entendemos que el verdadero acelerador son las estaciones de carga que permita usar los automóviles con confianza”, afirma Carlos Gutiérrez, CEO de E2V. “La electromovilidad no escala solo con oferta automotriz; escala cuando existe una red que la vuelve viable” agrega Gutiérrez.

De vender autos eléctricos a construir infraestructura para cargarlos
La tendencia global respalda ese cambio. Las ventas mundiales de vehículos eléctricos superaron 17 millones en 2024, y más del 20% de los autos vendidos en el mundo ya son eléctricos. En mercados emergentes, incluida América Latina, las ventas crecieron más de 60% el último año.
La lectura para Bolivia es clara: si el mercado local sigue esa curva, la infraestructura dejará de ser soporte para convertirse en habilitador. Ese cambio redefine el negocio, porque ya no se trata solo de vender autos, sino de una cadena de valor que integra energía, software, pagos digitales, almacenamiento, servicios y redes de carga.
En esa evolución empiezan a surgir iniciativas privadas en Bolivia como ElectroPoint, que buscan responder precisamente a esa nueva lógica de mercado, en la que las estaciones de carga dejan de ser complemento para convertirse en condición de crecimiento.
La oportunidad detrás de la carga rápida
En mercados tempranos como Bolivia, la velocidad de carga puede ser determinante para la adopción. Hoy, la mayor parte de las soluciones disponibles en el país corresponden a esquemas de carga lenta o semi rápida, con tiempos que superan las cuatro horas para recargas parciales en vehículos eléctricos e híbridos enchufables. En ese contexto, reducir los tiempos de recarga de horas a minutos no es solo una mejora tecnológica; cambia la propuesta económica del vehículo eléctrico con características clave como menor ansiedad de autonomía, mayor potencial de uso, más viabilidad para flotas y mayor rotación para los puntos de carga.
Bajo esa lógica, la infraestructura empieza a parecer menos una apuesta energética aislada y más una categoría de negocio emergente. La carga rápida deja de ser únicamente un atributo técnico y empieza a convertirse en una condición para que el mercado pueda escalar.
También se trata de un debate energético. La electromovilidad aparece en Bolivia en medio de tensiones sobre subsidios, disponibilidad de combustibles y transición energética, y eso vuelve a la infraestructura de carga aún más estratégica.
Según la Agencia Internacional de Energía, los vehículos eléctricos ya están desplazando consumo de combustibles fósiles a escala global, mientras en mercados emergentes la combinación entre renovables y movilidad empieza a acelerar nuevas inversiones. No es casual que los proyectos más nuevos integren generación fotovoltaica, almacenamiento y carga inteligente. La discusión empieza a ser menos automotriz y más energética.
La próxima etapa del mercado no está enfocada en cuántos modelos eléctricos llegan a Bolivia, sino en qué tan rápido puede escalar una red confiable para cargarlos. En ese contexto, ElectroPoint entra al mercado de la electromovilidad en el país, introduciendo un modelo de carga súper rápida capaz de reducir los tiempos de recarga de horas a menos de 30 minutos para una carga hasta el 80%, con una capacidad de hasta 240 kW y atención simultánea a múltiples vehículos, alineado a la experiencia del usuario y la eficiencia que exige el mercado.
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